La situación desfavorable en el acceso a la vivienda para las mujeres requiere acciones que propicien la no discriminación y la igualdad, implementando métodos e instrumentos que permitan y promuevan la tenencia legal de una vivienda adecuada para las mujeres.
Junio 17, 2021.
Por Sophie Davin | Urbanista en ONU-Habitat México
De acuerdo al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos: “Las condiciones de habitabilidad de una vivienda determinan, en gran medida, la calidad de vida de las personas que residen en ella. Una vivienda adecuada se considera clave para promover el bienestar, aliviar la pobreza, impulsar la equidad, proteger la vida y la salud de sus ocupantes así como para brindar seguridad y protección física. Además, su ubicación puede contribuir a hacer efectivos otros derechos como el acceso a la educación, la salud y el trabajo y, en general, favorece el desarrollo y mejoramiento de las capacidades e intereses individuales y colectivos.”
La vivienda tiene que cumplir una serie de condiciones particulares antes de considerarse como “Vivienda adecuada”. ONU-Habitat señala los siete elementos que la componen, sin embargo, es apremiante visibilizar la dimensión de género en estos datos. En este artículo mencionaré la situación de la mujer, en cuanto a ciertos elementos de la vivienda adecuada:
Seguridad de la tenencia
Asequibilidad
Accesibilidad
En general, las mujeres se encuentran con muchos más obstáculos a la hora de acceder a una vivienda:
ONU-Habitat estima que al menos, 38.4 % de la población de México habita en una vivienda no adecuada; es decir, en condiciones de hacinamiento, o hecha sin materiales duraderos, o que carece de servicios mejorados de agua o saneamiento.
En México, se notan brechas de género en el acceso a la vivienda y a isu financiamiento. Según datos del año 2015 del INEGI, menos mujeres son propietarias de viviendas que hombres: 35% de las casas escrituradas en México se encuentran a nombre de mujeres, y en 2020, en Infonavit reporta que sólo el 34% de los créditos se otorgan a mujeres contra el 66% a hombres.

Estas diferencias pueden explicarse a partir de problemas a los que se enfrentan las mujeres para encontrar trabajo, la brecha salarial, el menor número de semanas cotizadas y el hecho de que reciben con menos frecuencia incrementos salariales, dificultando la adquisición de vivienda.
La situación desfavorable en el acceso a la vivienda para las mujeres requiere acciones que propicien la no discriminación y la igualdad, implementando métodos e instrumentos que permitan y promuevan la legal tenencia de una vivienda adecuada para las mujeres.
Nosotras mujeres involucradas en la vida de la ciudad, podemos sensibilizar los municipios, los estados, el gobierno con esta problemática demasiado ignorada, con el objetivo de detonar una conciencia suficiente para que los legisladores y tomadores de decisión desarrollen instrumentos que permitan la legal tenencia de una vivienda adecuada para las mujeres y reducir así la brecha de género en cuanto al acceso a este derecho.
La tenencia de la tierra refiere a los derechos de las personas o comunidades para administrarla, así como a las responsabilidades y limitaciones que tienen como propietarios. Aquí presento algunos datos sobre el estatus de las mujeres para acceder a la propiedad o tenencia de la tierra.
Junio 1, 2021.
Por María Elena Espinoza | Planificadora territorial y de Sistemas de Información Geográfica de ONU-Habitat México.
En poblaciones rurales de México, los factores más comunes en la asignación de derechos de uso de tierra son dos: las prácticas sociales y culturales que imperan al interior de los grupos y los procedimientos ejecutados por los líderes tradicionales.
En este proceso, los varones son los principales beneficiados, ya que históricamente han sido reconocidos como los encargados de gestionar la familia y lidiar con las demandas de la agricultura y la ganadería. Esto, en consecuencia, limita o condiciona a las mujeres el derecho de acceso a la tierra.
En tierras de tipo ejidal o comunal, por ejemplo, sólo tres de cada diez personas ejidatarias o comuneras a nivel nacional son mujeres. No obstante, estas cifras pueden variar según la ubicación geográfica: mientras en la Ciudad de México, Baja California, Guerrero y Sonora, las mujeres representan en promedio 30% del total de personas propietarias en ejidos y comunidades; en Yucatán, Campeche y Quintana Roo, este porcentaje no supera el 20%.

Debido a la falta de titularidad, las mujeres se encuentran limitadas a participar en órganos de representación o no pueden acceder a créditos, financiamiento o programas sociales. Es por ello que uno de los retos para revertir esta situación está en generar políticas públicas encaminadas a incrementar el reconocimiento de la titularidad de las mujeres sobre la tierra para que puedan acceder a recursos que resulten en beneficio del desarrollo familiar y social.
De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de la Mujer, el trabajo no remunerado es aquel que se realiza sin pago alguno. Contempla principalmente el trabajo doméstico y las labores de cuidado de niños, niñas, personas de la tercera edad, personas con discapacidad y/o personas enfermas (ONU-Mujeres, 2015).
Mayo 30, 2021.
Por Lourdes Ramos | Analista de Programas y Proyectos de ONU-Habitat México
Las labores de cuidado y el trabajo doméstico no remunerado son principalmente realizados por mujeres y contribuyen tanto al desarrollo económico familiar como al de los países. Sin embargo, la falta de cuantificación económica invisibiliza a nivel macroeconómico el papel que desempeñan las mujeres, lo que tiene un impacto negativo en su autonomía y empoderamiento económico, a la vez que no permite mostrar evidencia cuantitativa para la formulación de políticas públicas y de apoyo a quienes realizan estas labores (ONU-Mujeres, 2015) (OPS, 2008).
A nivel mundial, se estima que el valor económico generado por estas actividades representa el 9 % del Producto Interno Bruto (PIB), mientras que en México representa el 23.3 %del PIB, (valores contantes a precios de 2013), 17 % del valor generado a nivel nacional es contribución por mujeres y el otro 6.3 %, aportación de los hombres (OIT, 2019) (INEGI, 2020).
En términos de horas dedicadas a la semana, tanto a nivel internacional como en México, se estima que las mujeres invierten tres veces más horas que los hombres para el desarrollo de estas actividades (ONU-Mujeres, 2015) (OIT, 2019). Aunque el involucramiento de los hombres en las labores de cuidado y trabajo no remunerado es cada vez mayor, se calcula que de 1997 a 2012 la brecha de género en cuanto al tiempo destinado apenas disminuyó siete minutos en promedio al día a nivel mundial (OIT, 2019).

En México, la brecha de género es aún mayor al pasar del contexto urbano al ámbito rural. Mientras en zonas urbanas se estima una diferencia de tiempo dedicado a la semana al trabajo no remunerado entre mujeres y hombres de 19.2 horas, en contextos rurales está brecha aumenta hasta 27 horas, por lo que las condiciones de desigualdad se acentúan aún más en este ámbito (Derbez, s.f.).

El análisis por estratos socioeconómicos permite identificar que, a niveles más altos de ingresos la participación de los hombres es mayor, aunque para todos los estratos analizados, las mujeres dedican más de 30 horas a la semana en el desarrollo de estas actividades, en comparación con las horas destinadas por parte de los hombres, que rondan alrededor de 10 horas a la semana (ONU-Mujeres y Colmex, 2019).
El trabajo de cuidados por sí solo es realizado por 41.6 % de la fuerza laboral femenina no activa a nivel mundial, por lo cual, constituye uno de los principales obstáculos para el involucramiento de las mujeres al mercado laboral. En este caso, países que cuentan con mayor gasto público en políticas de cuidado como prestación de servicios infantiles, infraestructura para el cuidado, licencias de maternidad y discapacidad, entre otras, han logrado una mayor conciliación entre el empleo remunerado y el de cuidados no remunerado (OIT, 2019).

La pandemia por covid-19 ha impactado la forma en la que vivimos, el desarrollo de nuestra actividades cotidianas y laborales. De acuerdo con una encuesta realizada por Deloitte a más de 400 mujeres de la población económicamente activa de nueve países, 82 % mencionaron haber sido afectadas negativamente por la pandemia, 65 % considera contar más responsabilidades en la realización de tareas de hogar y 58 % de la fuerza laboral femenina entrevistada y con hijos siente un aumento adicional en el cuidado de estos (Deloitte, 2020).
A nivel nacional, las horas semanales dedicadas a cuidados no remunerados aumentó significativamente durante el segundo trimestre de 2020 tanto en hombres como en mujeres que forman parte de la población económicamente activa. No obstante, se estima que las mujeres destinaron hasta 7.4 horas menos a la semana al trabajo remunerado para dedicarse al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado (OIT, 2020).
En el caso de la Ciudad de México, de acuerdo con la encuesta realizada del 20 al 24 de julio de 2020 por la Secretaría de las Mujeres, 43 % de las mujeres entrevistadas respondieron dedicar más de cinco horas al cuidado de otras personas, comparado con el 28 % de los hombres. Asimismo, se reportó un incremento de hasta el 32 % del tiempo destinado al desarrollo de estas actividades y un aumento de 13 % en la jornada laboral en comparación con los hombres y como derivado de la pandemia (SEMUJERES, 2020).
De acuerdo con el Informe especial COVID-19 realizado por la CEPAL “La autonomía económica de las mujeres en la recuperación sostenible y con igualdad”, la pandemia ha profundizado la brecha de género y atenta contra la autonomía de las mujeres. En este sentido, se estima un retroceso de hasta diez años en los niveles de ocupación laboral por parte de las mujeres de América Latina y el Caribe (CEPAL, 2021).
Para ello, el reconocimiento de las labores de cuidado y el trabajo no remunerado forman parte del Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) número 5, que de manera explícita en su meta 5.4 se enfoca a “reconocer y valorar las labores de cuidados el trabajo no remunerado mediante la promoción de servicios públicos, provisión de infraestructuras, formulación de políticas de protección social, y la promoción de la responsabilidad compartida en el hogar y la familia “(ONU-Mujeres, 2015).
“Luchemos todos juntos por el cumplimiento de los ODS de la mano de la equidad de género”
Los datos desagregados por sexo presentan información separada para mujeres y hombres. A través de ellos es posible identificar los roles, situaciones reales y condiciones generales en cada aspecto de la sociedad y la ciudad 1.
Mayo 27, 2021.
Por Karla Peralta | Urbanista en ONU-Habitat México
Uno de los mayores desafíos que enfrenta el mundo actualmente es la desigualdad de género, y cuando los datos no están desagregados es difícil identificar las desigualdades reales y potenciales entre hombres y mujeres.
Los datos pueden convertirse en estadísticas de género que nos permiten medir y describir diferentes realidades para, en última instancia, gestionar problemas complejos 2. Algunos ejemplos son la tasa de nivel educativo, la propiedad de tierra, la brecha salarial, el uso del transporte público, entre otros.
Es por eso que es recomendable que estos datos sean compilados y analizados durante el proceso de formulación de políticas públicas, para evaluar la situación actual y desarrollar respuestas adecuadas y basadas en pruebas; idealmente estos datos deben ser recopilados abarcando varios años para realizar un seguimiento de los cambios y tomar medidas correctivas 3.
La reciente publicación de Avances en los Objetivos de Desarrollo sostenible. Vista de Género 2020 es un claro ejemplo de como los mismos eventos tienen un impacto diferente según el género, y subraya la importancia de recopilar y analizar datos de forma desagregada para poder cumplir con la Agenda 2030.
La pandemia de COVID-19 está provocando un resurgimiento de la pobreza extrema, afectando más a las mujeres. Para el 2021, alrededor de 435 millones de mujeres y niñas vivirán con menos de $ 1,90 USD al día, incluidas 47 millones empujadas a la pobreza como resultado del COVID-19.
A nivel mundial, las mujeres tienen 27% más riesgo que los hombres de enfrentar una inseguridad alimentaria severa. Se espera que esta brecha de género aumente a raíz de la pandemia.
Las trabajadoras de la salud están en la primera línea de la pandemia de COVID-19 y tienen un mayor riesgo de exposición al virus. Entre los trabajadores sanitarios infectados en cinco países con datos disponibles, el 72% eran mujeres.
Es probable que el cierre de escuelas aumente las brechas de género en la educación. Más de 11 millones de niñas, desde la educación preprimaria hasta la educación terciaria, corren el riesgo de no regresar a la escuela en 2020.
Se estima que 243 millones de mujeres y niñas de 15 a 49 años fueron sometidas a violencia sexual y / o física por parte de su pareja durante el año anterior.
Al menos 200 millones de niñas y mujeres han sido sometidas a mutilación genital femenina, según datos recientes de 31 países donde se concentra esta práctica. A nivel mundial, 1 de cada 5 mujeres de 20 a 24 años se casó en la infancia. El matrimonio infantil y la mutilación genital femenina estaban en una trayectoria descendente antes de que golpeara la pandemia. Sin embargo, las dificultades económicas y las interrupciones escolares podrían descarrilar este progreso.
De igual forma, las mujeres dedican el triple de horas al día que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. El COVID-19 se está sumando a la carga de trabajo de cuidado no remunerado de las mujeres.
4 de cada 10 escuelas de todo el mundo y el 70% en los países en desarrollo, enfrentan desafíos en la provisión de instalaciones básicas de higiene para los estudiantes. En algunos países, se espera que hasta 150 niñas compartan un solo baño.
La falta de combustibles y tecnologías limpias para cocinar representó casi 2 millones de muertes prematuras entre mujeres y niñas en 2016.
Las trabajadoras del hogar y quienes trabajan en la economía informal se han visto especialmente afectados por la pandemia.
Cerca del 72% de las trabajadoras del hogar han sufrido pérdida de empleo o reducción de horas.
El sector manufacturero ha sufrido importantes pérdidas de puestos de trabajo y una contracción de la producción económica debido a la pandemia. Las mujeres tienen más probabilidades que los hombres de participar en empleos vulnerables en ese sector y corren un mayor riesgo de perder sus trabajos o sus medios de vida.
Las mujeres con discapacidad se enfrentan a múltiples formas de discriminación. Tres de cada 10 mujeres y hombres con discapacidad han experimentado al menos una forma de discriminación.
El transporte público seguro y confiable puede ser un salvavidas para las mujeres de los sectores vulnerables, pero el acceso sigue siendo inadecuado en muchos entornos urbanos. Los datos de 2019 mostraron que solo el 50% de la población urbana del mundo tenía un acceso conveniente al transporte público.
Las mujeres y las niñas son las más afectadas por los crecientes desastres relacionados con el clima, pero rara vez están en condiciones de efectuar cambios.
En la COP 25 de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, solo el 21% de los jefes de delegación eran mujeres.
En los países liderados por mujeres, las muertes confirmadas por COVID-19 son seis veces menores.
Asimismo, la participación directa de la mujer en los procesos de paz ha demostrado ser un elemento fundamental para acuerdos duraderos. Sin embargo, entre 1992 y 2019, las mujeres constituían solo 6% de mediadoras, 6% signatarias y 13% negociadoras de paz,
A nivel mundial, 4,100 millones de personas están ahora en línea, pero solo el 48% de la población femenina del mundo usa internet, en comparación con el 58% de los hombres. Esa brecha de género está aumentando en algunas regiones en desarrollo.
Avances en los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Vista de Género 2020
Guía de terminología y uso de lenguaje no sexista para periodistas, comunicadoras y comunicadores.
ONU Mujeres, Centro de Capacitación
Centro Global de Excelencia en Estadísticas de Género (CEGS)
Elementos para un análisis de género en las estadísticas de salud para la toma de decisiones
From insights to action. Gender equality in the wake of COVID-19
Referencias
Con mujeres y niñas empoderadas y en el centro de la acción de desarrollo urbano se fortalece la implementación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y la Nueva Agenda Urbana, construyendo ciudades para todas las personas, sin dejar a nadie atrás. Cuando las mujeres lideran los procesos, el diseño y la realización de visiones de los espacios públicos urbano, se tornan más equitativos.
Marzo, 2023
Las niñas y las mujeres pertenecen al grupo social que es particularmente vulnerable a la distribución desigual de los recursos, la opresión y la exclusión social. Pocas ciudades están diseñadas en función de la vida cotidiana de las niñas y las jóvenes y no se corresponden con sus necesidades. Esta vulnerabilidad basada en el género aumenta con factores como la edad, la situación socioeconómica o la discapacidad.
En este sentido puede ser una herramienta eficaz contra la segregación y la desigualdad. La forma en que se planifican las ciudades también es fundamental para la calidad de vida de las personas y, en particular, puede aumentar las oportunidades de salud, educación, trabajo y seguridad de las niñas y las mujeres jóvenes.
El sector empresarial, la academia y la sociedad civil tienen diferentes roles en diferentes proyectos y áreas urbanas. Los funcionarios públicos y los políticos están cada vez más interesados en colaborar fuera de sus propias organizaciones. Estos aspectos de la inclusión y la participación pueden verse como un desarrollo positivo general, pero también tienen el precio de un aumento de los conflictos con respecto a intereses, recursos y valores.
Cuando las mujeres lideran los procesos, el diseño y la realización de visiones de la ciudad, estas se tornan más equitativas, asi que ¡toma el liderazgo!, y desde tu ámbito social y profesional, realiza acciones para lograr ciudades más igualitarias.
Piensa en cómo puedes proponer en este contexto. ¿Cómo puedes contribuir con tu conocimiento a incrementar la capacidad y mejorar la perspectiva de género en los planes de desarrollo urbano? ¿Qué estás aprendiendo sobre tu ciudad aquí? ¿Qué herramientas puedes brindar para tomar decisiones más igualitarias? Aprovecha tu posición para construir relaciones de confianza con ciudadanos y actores locales.

Defiende la voz y los deseos de la comunidad que representas. Trae contigo el conocimiento local acumulado y prueba las soluciones basadas en la experiencia específica de ese lugar. Considérate una educadora y portadora de mensajes en el grupo.

Sé visionaria. Aunque parezca costoso a corto plazo, atrévete a planificar el futuro y pensar en los beneficios a largo plazo en términos de igualdad. Para ello, confía en tus funcionarios. Bríndales espacio para que ejecuten e informen las agendas que les has establecido. Piensa en cómo puedes conectar las experiencias locales con el gobierno nacional, la sociedad civil, las empresas y los habitantes, de una manera que se impulse la participación de las mujeres en la toma de decisiones. Aprovecha la oportunidad para construir relaciones de confianza con los ciudadanos y actores a los que sirves. Aprecia esta confianza.

Aprende las ventajas de adoptar una visión compartida de perspectiva de género en tu empresa y descubre cómo un vecindario urbano próspero, igualitario, pacífico y sostenible es bueno para los negocios a largo plazo. Atrévete a participar en la co-creación de proyectos urbanos, incluso si no estás obligada a hacerlo. Podrías darte cuenta que mejorar la calidad de tu oferta te convierte en una empresa más atractiva.

Practica la investigación en estrecha colaboración con las y los creadores de cambios de las sociedades que estás investigando. Forma un equipo con otras investigadoras y decide cómo puedes crear un impacto basado en la producción académica del proyecto, tanto en los círculos de investigadores como en otros lugares. Recuerda que quienes tomen las decisiones te considerarán legitimadora del proyecto.

Sé tu propio centro de innovación y conviértete en un espacio para que se reúnan, establezcan contactos, aprendan, crezcan, utilicen su voz y co-creen su hábitat.
La participación en el diseño y la evolución del vecindario ayuda a los jóvenes a prepararse para la ciudadanía activa y la rendición de cuentas. La ciudadanía activa es responsable; lo que creamos, lo cuidamos. Practica viendo los desafíos en tu vecindario desde diversas perspectivas escuchando y reuniéndote con tu “pandilla de chicas” local.
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